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El origen del universo

    En el principio no había nada.

    Ni espacio, ni tiempo, ni materia.

    Sólo la latencia.

    Un silencio absoluto que no era vacío, sino potencia pura: el cero absoluto.

    Desde esa nada, ocurrió lo impensable: el Todo se intuyó a sí mismo. Fue ahí donde nació la paradoja que daría inicio a todo lo que conocemos.

     Mia Remi. Génesis 1
    Mia Remi. Génesis 1

    Dios se autocrea desde la Nada

    No un dios antropomórfico, sino una conciencia sin forma ni límite, un principio creativo que se genera a sí mismo en un acto puro de autoobservación. El Ser nace como una intuición en el seno del No-Ser. Para aparecer de la nada el tiempo empezó a correr al revés.

     Mia Remi. Génesis 2
    Mia Remi. Génesis 2

    La danza inversa del tiempo

    Imaginemos el cero como el origen. Para que surja algo desde allí, el tiempo debe ir hacia atrás:
     1 + (–1) =0

    0 (no es = a) 1 + (-1)

    Visto desde el flujo habitual del tiempo, esto parece sin sentido. Pero si el tiempo retrocede desde el cero, entonces la aparición de una partícula (1) implica simultáneamente su opuesta (–1), en una simetría perfecta que no deja rastro alguno… excepto una vibración.

    Esa vibración es el primer eco del ser.

     Mia Remi. Génesis 3
    Mia Remi. Génesis 3

    Materia, Antimateria y la Onda Primigenia

    En la efímera danza entre materia y antimateria, entre la creación y la destrucción, entre Shiva y Vishnu, surge algo que persiste: una onda. No una onda física, todavía. Una frecuencia. Un pulso. Algo que vibra sin cuerpo pero que ya es música.

    Es el Verbo en su forma más pura.
    La Música Inicial, la vibración más antigua.
    La Onda Primigenia.

    Es Brahman, Marduk, el gran Espíritu… Dios.

    Una melodía sin oyente, un ritmo sin partitura. Esa onda no desaparece con la simetría perfecta entre el ser y su contrario. Se forma precisamente en equilibrio sutil,  entre creación y aniquilación.

    Mia Remi. Aparición de la materia
    Aparición de la materia y de la onda primigénita

     Una pequeña desviación en el tiempo, creada por la sutil onda en la sincronía entre materia y antimateria crea el inicio de un pre-universo.

     Mia Remi. Génesis 4
    Mia Remi. Génesis 4

    La materia y su antimateria se condensaron en puntos aislados temporales y espaciales y es así como  empezó el universo que conocemos.

    Mia Remi. Materia y Antimateria
    Separación de Materia y Antimateria

    Empujada por su propio peso, por la atracción mutua y por la creciente densidad energética, la materia se compactó hasta alcanzar un estado de densidad extrema, inimaginable. En ese punto —infinitamente pequeño, pero colmado de energía y potencial— el universo dormía.

    Y entonces, explotó.

    La ciencia moderna llama a este evento el Big Bang, una gran expansión más que una explosión en el sentido común del término. Desde ese punto de densidad infinita, el espacio y el tiempo comenzaron a expandirse. El universo no se expandió «dentro de» algo: el universo es la expansión misma.

     Mia Remi. Génesis 5
    Mia Remi. Génesis 5
     Mia Remi. Génesis 6
    Mia Remi. Génesis 6

    Las partículas que no fueron anuladas por su opuesto comenzaron a interactuar, formando átomos, luego estrellas, galaxias, planetas… y eventualmente, vida.

    Fue esa onda —nacida del movimiento de creación y destrucción, del desajuste temporal y la danza entre ser y no ser— lo que inauguró el tejido de lo real. A medida que el universo se expandía, también lo hacía la conciencia cósmica, como una resonancia que atraviesa el tiempo.

    La Conciencia Cósmica como eco del origen

    En esa vibración que no se puede apagar, algo «sabe» que existe. Es apenas una sensación, un destello de percepción. Pero basta. Porque esa conciencia se expande con cada nueva oscilación, con cada nueva forma de materia que se reconoce a sí misma.

    La conciencia no surge después de la materia: nace con ella, en el mismo acto de creación. Como una sinfonía que se complica, el universo avanza, pero siempre con un eco de aquel primer latido: la onda inicial, el Verbo, la música del universo.

    Arte y Ciencia del Génesis

    Desde la física, podríamos hablar de fluctuaciones cuánticas del vacío, del campo de Higgs, de inflación cósmica. Desde la filosofía, de paradojas ontológicas. Pero desde el arte, el universo se abre como una obra maestra de ritmo, color, vibración, forma y conciencia.

    La Onda Primigenia es a la vez partitura y ejecución, idea y experiencia. Es el canto sin boca, el verbo sin sujeto.
    El universo no empezó con una explosión, sino con una vibración perfecta nacida del silencio.
    Una música que aún suena en el fondo de todo lo que es.

    Y cada uno de nosotros, en nuestro ritmo interno, aún vibra con ese eco.

     

     

    Mia Remi; Génesis
    Mia Remi. Génesis
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